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INTERVENCIÓN EDUCATIVA PARA LA MEJORA DE PRÁCTICAS DE ALIMENTACIÓN Y ACTIVIDAD FÍSICA EN ESCUELAS PRIMARIAS DEL ESTADO DE QUINTANA ROO
María de los Angeles Aedo Santos. , María de los Angeles Aedo Santos1, Teresita del Niño Jesús Gómez Fernández1, Gabriela Vivas Rodríguez1, Columba Suinaga Martín del Campo2, Andrea Macías Gómez2. , 14/04/2016
 
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INTRODUCCIÓN

En las últimas tres décadas, se ha presentado un importante incremento en la incidencia de sobrepeso y obesidad infantil en el mundo entero(1). En México, más de cinco millones de niños de edad escolar presentan alguno de estos padecimientos, es decir, el 34.4% de los niños en nuestro país presentaba sobrepeso u obesidad en 2012 (2). A pesar de que los esfuerzos por combatir este padecimiento se reforzaron a partir del 2006, si se comparan  las  Encuestas Nacionales de Salud y Nutrición (ENSANUT)  2006  y 2012, se puede observar que la prevalencia de sobrepeso para la población de 5 a 11 años de edad a nivel nacional, para ambos sexos, disminuyó tan sólo 0.4 puntos porcentuales (de 20.2% a 19.8%, respectivamente), mientras que la obesidad se mantuvo en la misma cifra con 14.6% (2). Con base en lo anterior, la prevención del sobrepeso y la obesidad infantil se ha convertido en una prioridad de salud pública.

Por otro lado, se ha demostrado que los programas y políticas educativas son cruciales en las intervenciones de salud pública. Más aún, la educación es un determinante social fundamental de la salud (3), por lo que una intervención educativa en la edad escolar puede ser una excelente opción para prevenir  estos padecimientos.

Existe amplia evidencia científica que muestra los claros  beneficios de la implementación de programas y políticas educativas. Se puede afirmar que la escuela es un ambiente con gran potencial para promover hábitos de vida saludables (4-7). Los responsables de las políticas en salud pública, los  profesionales de la salud y los educadores,  deben colaborar para implementar intervenciones educativas que vayan encaminadas al cambio de hábitos de alimentación y actividad física en los escolares, ya que la evidencia sistemática indica claros beneficios para la salud de la población.

Diversos estudios han mostrado la importante  relación de los hábitos de alimentación y actividad física de escolares mexicanos y su estado de nutrición. Bronx y col., en el 2004, realizaron un estudio con 212 escolares de la Ciudad de México, en el que se obtuvieron datos antropométricos para determinar el estado de nutrición y desarrollaron una escala para evaluar factores psicosociales (modelaje) que influyen sobre la actividad física y la alimentación (8). Este mismo año, Pérez Villasante y col.(9) implementaron, un programa educativo con el fin de fomentar estilos de vida saludables en 121 escolares y lograron reducir  significativamente la prevalencia de sobrepeso y obesidad, una importante fortaleza de éste estudio fue  que se adaptó a la realidad y recursos de la escuela y sus miembros, por lo que fue adoptado fácilmente por la comunidad escolar.

En 2006, Ramos y col. realizaron un estudio con el fin de identificar la relación que existe entre el consumo de “comida rápida” y la obesidad en niños escolares de esta misma ciudad. Dichos autores reportaron una asociación  directa entre el consumo de “comida rápida” y el estado de nutrición, siendo esto más evidente para el sexo femenino (10). Shama y col., en 2010, evaluaron el consumo de alimentos fuera de casa de 9537 niños y niñas en edad escolar, obteniendo información de disponibilidad y consumo de grupos de alimentos y bebidas seleccionados. Se realizaron mediciones antropométricas de peso y talla para el diagnóstico nutricional. Los hallazgos principales mostraron  que la prevalencia de sobrepeso y obesidad se asoció positivamente con el consumo de  frituras en escolares (RM: 1.68; p=0.06) (11). Otro estudio sobre los hábitos saludables y de prevención de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) en escolares mexicanos, reportó que  la mayoría de los escolares ingieren baja cantidad de fibra y vitaminas C y A; en contraste, el consumo de hidratos de carbono, tanto simples como complejos, fue muy alto. Ese estudio recomienda un programa bien estructurado de educación, que motive a los niños a incorporar hábitos de alimentación saludables (12).

En otro estudio, realizado por Jennig y col. en 2009, se encontró que algunos niños sólo tienen la oportunidad de practicar la actividad física durante el recreo y la clase de actividad física en la escuela. En los resultados de ENSANUT se observó que el 58,6% de los niños de edad de 10 a 14  reportaron no haber realizado ninguna actividad física organizada durante los últimos 12 meses (13).

Las intervenciones realizadas por medio de la escuela, que han incluido educación en salud, actividad física estructurada y regulación de la venta de alimentos en las escuelas, han ayudado a prevenir el desarrollo de ECNT. Este tipo de intervenciones requiere de la participación de maestros, padres, autoridades y miembros de la comunidad; todos juegan un papel importante en el cambio de las conductas hacia la salud (14-22).

Con el objeto de reforzar las políticas y las estrategias anteriores, y todas aquellas que tienen como objetivo la salud de los escolares, aparecen en el año 2010 el  Acuerdo sobre los Lineamientos Generales para el Expendio o Distribución de Alimentos y Bebidas en los Establecimientos de Consumo Escolar de los Planteles de Educación Básica  y la Ley para la prevención y el tratamiento de la obesidad y los trastornos alimenticios en el Distrito Federal, con dos ejes importantes de acción: realizar campañas de difusión en los planteles escolares del Distrito Federal y fomentar el consumo de comida saludable en estos planteles  buscando la prohibición de distribuir, comercializar o fomentar el consumo de alimentos y bebidas con bajo valor nutricional que contengan altos contenidos de azúcares refinados, sal, colesterol, ácidos grasos saturados y transaturados (23).

Ese mismo año, a nivel nacional, surge el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria -Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad-, en la que se incluyeron estrategias específicas  para implementarse de manera obligatoria en todas las escuelas públicas y privadas de educación básica del país (24).

Dos años después, se publica la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, misma que contiene lineamientos sobre la promoción de la alimentación correcta en  los niños de las escuelas primarias, y hace recomendaciones respecto a la información en alimentación  que se les debe brindar a los alumnos y a sus padres (25).

En respuesta a los lineamientos de la Estrategia Nacional contra el Sobrepeso y la Obesidad, miembros de la sociedad civil (específicamente la Fundación Chespirito, IAP) llevaron a cabo, en conjunto con las autoridades sanitarias federales y las autoridades sanitarias y de educación del estado de Quintana Roo, la intervención educativa denominada “Chavos + Sanos en la Escuela”, en seis municipios del estado de Quintana Roo, con el fin de fomentar hábitos adecuados de alimentación y actividad física en los escolares, el presente artículo muestra el efecto de esta intervención sobre las prácticas de alimentación y actividad física en la escuela, como el  tipo de refrigerio que consumen los niños, el consumo de agua simple y la actividad física que realizan en el recreo.

 

MATERIAL Y METODOS

Se llevó a cabo una intervención educativa en 131 escuelas públicas del estado de Quintana Roo, sobre un total de 34,961 niños de 1º a 6º grado de primaria, durante el ciclo escolar 2014-2015. La intervención consistió en utilizar en el aula, una serie de cuadernos con actividades lúdicas de aprendizaje para fomentar hábitos adecuados de alimentación, higiene y actividad física. El contenido de estos materiales fue validado por las autoridades de salud de México con el fin de que cumplieran con los lineamientos establecidos para la orientación alimentaria en este país,  y además se validó su aceptación y utilidad  a través de una muestra de maestros usuarios de los mismos. Los profesores utilizaron estos cuadernos con sus alumnos, cada 15 días, durante todo el ciclo escolar  2014-2015,  para lo cual fueron previamente capacitados.

Bajo un enfoque constructivista (22), los escolares resolvieron situaciones presentadas a través de un personaje infantil muy popular en México y Latinoamérica,  que implicaban la solución de alguna circunstancia dentro del contexto de la formación de hábitos saludables, y a la vez reforzaron alguno de los temas del plan de estudios del grado en cuestión. Es decir que estos materiales, además de incentivar hábitos saludables,  apoyaron algunas asignaturas, como Ciencias Naturales, Matemáticas y/o Español entre otras.

La intervención involucró a toda la comunidad escolar, a través del empleo de  materiales de apoyo como manuales para el profesorado, una pizarra donde los niños registraron cuántos días a la semana realizaron actividad física durante cada mes,  carteles, apuntes para padres, etc.  Además, se visitó a estas escuelas dos veces durante el ciclo escolar, con el fin observar los avances logrados y resolver las  dudas que surgieron sobre la implementación del programa.

Para evaluar el efecto de esta intervención sobre las prácticas de alimentación y actividad física en la escuela, se llevó a cabo un estudio longitudinal en 5 escuelas  pertenecientes al programa, elegidas al azar, y una escuela control.

Se evaluaron  las prácticas de alimentación de 20  escolares durante el recreo en cada una de las escuelas incluidas en la muestra, es decir un total de 120 observaciones. Se observó el tipo de alimentos que conformaron los refrigerios escolares y el tipo de bebidas que consumieron los niños, antes y después de la intervención, a través de la técnica de observación directa; así mismo se aplicó un cuestionario a una muestra de 271 niños de 3º a 6º grado de estas escuelas, para evaluar algunos  hábitos de alimentación y de actividad física. En todos los casos se utilizaron pruebas no paramétricas  para valorar el cambio en  los hábitos de alimentación estudiados entre las mediciones inicial y final, tanto en las escuelas que recibieron la intervención como en la escuela control.

 

RESULTADOS

En la tabla 1 se muestran las siglas de las seis escuelas pertenecientes a la muestra, el tipo de escuela,  municipio al que pertenece y total de escolares  encuestados. El total La información recabada durante la observación directa  al inicio y al final del ciclo escolar se comparó por escuela.

A continuación, en la tabla 2,  se ejemplifican tres de las combinaciones más repetidas en el refrigerio escolar (sin incluir bebidas), tanto al inicio como al final de la intervención; cabe mencionar que la escuela LC ofrece desayuno escolar preparado ahí mismo.   Se observaron las porciones de estos menús y se obtuvo el promedio de sus valores nutrimentales.  Los resultados respecto al contenido de kilocalorías  promedio se muestran en las tablas 3 y 4.

Como puede observarse,  en todas las escuelas el refrigerio y/o desayuno escolares sobrepasan por mucho la recomendación de energía para estos tiempos de comida, y aunque hubo una disminución entre la observación inicial y la final, aún sigue siendo muy alta. Una vez finalizado el programa, cuatro de las cinco escuelas pertenecientes al mismo, redujeron significativamente el porcentaje de adecuación de energía respecto a la escuela control (p<0.001). Esta reducción se debió  a la mejora  de la calidad de los productos que integran estas comidas, por ejemplo el aumento en verduras y frutas y disminución de frituras.

En la tabla 5 se muestra el consumo de bebidas durante el recreo, antes y después de la intervención. En general, se observó un aumento  importante en el consumo de agua simple en todas las escuelas, lo que fue muy positivo ya que si al exceso de aporte de energía del refrigerio escolar se le suma la energía proveniente de las bebidas diferentes al agua simple potable, el problema del exceso sobre la recomendación de  energía consumido en la escuela aumenta. Las bebidas diferentes al agua simple potable  más observadas durante el refrigerio  fueron: bebidas elaboradas con saborizante artificial (90 kcal/250 ml), jugo de fruta concentrado (120 kcal/250 ml) y refresco (115 kcal/250 ml).

Respecto a los hábitos  de alimentación y actividad física de los escolares de 3º a 6º grado,  se les preguntó si su refrigerio escolar incluía frituras y/o refresco o jugo industrializado. En la tabla 6 se muestran los resultados. Al final de la intervención se observó una disminución en el consumo de alimentos tipo fritura (de alta densidad energética y bajo valor nutricional) con el consiguiente aumento del consumo de verduras y frutas, según lo referido por los niños. Así mismo se observó disminución en el consumo de refrescos y jugos industrializados y aumento en el consumo de agua. Estos aumentos no fueron estadísticamente significativos.

En la tabla 7 se muestra la frecuencia de  consumo de  agua simple potable. Al inicio, casi el 80% reportó tomar más de tres vasos de agua al día, cifra que aumentó 1.5 puntos porcentuales al finalizar la intervención; el total de niños que reportó tomar seis o más vasos aumentó 3.8% (sig 0.057).

Respecto a la actividad física, en la tabla 8 se muestra la distribución del porcentaje de niños según el total de días que reportan que realizan actividad física durante el recreo, por grado y en la tabla 9 el total de tiempo que hacen ejercicio durante estos días. Las tablas 10  y 11 muestran el total de días y el tiempo que los escolares realizan actividad física por escuela.

El número de días que los escolares reportaron que realizan actividad física en el recreo aumentó de la evaluación inicial a la final (sig 0.017); lo mismo sucedió con el tiempo que  hacen ejercicio durante estos días (sig 0.052).

Los alumnos de todas las escuelas reportaron haber aumentado el número de días que realizan  actividad física, pero solo se encontró diferencia en este aumento entre la escuela 1. PV y la escuela control (sig 0.039). No se encontró diferencia en los días que realizan actividad física los escolares por grado escolar o por sexo.

En cuanto al tiempo que hacen ejercicio o algún deporte durante el recreo, al final sí hubo diferencia entre lo reportado  por la escuela control y  tres de las escuelas del grupo de intervención (p< 0.05).

 

DISCUSIÓN

La intervención educativa “Chavos + Sanos en la Escuela” tuvo efecto positivo en el consumo de alimentos y sobre la actividad física que realizan los escolares durante el recreo. Estos resultados muestran que a través de este proyecto se logró disminuir el consumo de frituras y aumentar el consumo de verduras y frutas en los escolares, prácticas que a su vez se  han asociado  con la disminución del peso corporal (9-11).  Así mismo se logró el aumento en el consumo de agua simple potable, lo que coadyuvó a la disminución del contenido calórico del refrigerio escolar.

Algunos logros importantes observados respecto a las prácticas de alimentación y consumo de bebidas en las escuelas estudiadas fueron resultado del compromiso adquirido por las autoridades escolares con el programa, por ejemplo una de las escuelas estudiadas procuró tener siempre disponible en la “tiendita” botellas de agua simple potable. En otra escuela, la persona que vende los refrigerios incluyó en su venta, en  la observación final,  mangos con chile y limón. Dijo incluir al menos una fruta o verdura diariamente a partir del segundo semestre del ciclo escolar,  a petición de las autoridades de la escuela y que “a los niños les encantan”. La escuela que cuenta con comedor escolar cambió el agua saborizada artificialmente que se ofrecía al inicio del ciclo escolar  por agua de fruta natural y además,  los niños beben más agua simple durante el recreo y a lo largo del día. En todas las escuelas se observó  disminución en el consumo de refresco y bebidas saborizadas artificialmente, y  aumento en el consumo de frutas.

Los resultados del presente estudio son similares a los obtenidos en 2012 por investigadores de la Universidad de Sonora (23), quienes llevaron a cabo una intervención educativa en tres escuelas de la ciudad de Hermosillo, que incluyó diversas estrategias audiovisuales y de educación. La disponibilidad de alimentos saludables en las tiendas escolares aumentó después de aplicar el programa de intervención (p≤0.05) y se incrementó el consumo de frutas y verduras durante el recreo.

Las principales fortalezas de la presente intervención fueron:  que el material didáctico utilizado empleó como modelo a uno de los personajes infantiles más populares en México durante los últimos 40 años, que se basó en los principios del  constructivismo, la inclusión de toda la comunidad escolar dentro del programa y el compromiso adquirido por parte de las autoridades escolares y su buena disposición para modificar el ambiente escolar y hacerlo más favorable para la adquisición de hábitos saludables.

Los resultados de la evaluación sugieren que una adecuada intervención educativa aunada a la disponibilidad y promoción permanente de alimentos saludables dentro del plantel escolar, puede contribuir en la selección del alimento que se consume durante el recreo y, por lo tanto, conduce a la formación de hábitos alimenticios saludables y en un futuro en su buen estado nutricio.

Para lograr el éxito en la creación de medios ambientes escolares favorables a la salud es determinante lograr en el compromiso de autoridades escolares y convencerlos del importante papel que juegan en el combate al sobrepeso y la obesidad de sus estudiantes.

La educación para la salud como estrategia en las escuelas contribuye a fomentar hábitos alimentarios saludables y puede ser una excelente opción  a tomar en cuenta para disminuir la prevalencia de sobrepeso y obesidad  en los escolares.

 

Referencias

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Tablas: 

  http://www.renc.es/imagenes/auxiliar/Tablas RENC.doc
Actividad física. Educación para la salud. Comportamiento alimentario.
716
 

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